Nunca tuve un plan. Salí de la Llotja con 18 años, con el título de ilustración artística y sin saber muy bien qué hacer con él. La vida me fue llevando — un curso de animación, una tienda de cómics en Norma Editorial, unas prácticas que se convirtieron en diez años diseñando colecciones, cubiertas, novela gráfica, cómic europeo y americano. Aprendí haciendo. Me quedé porque me gustaba.
Pero el cuerpo tiene su propia agenda. Sobre 2010, con una lesión en la L5-S1 que no sanaba, llegué a un terapeuta que me dijo algo que cambió todo: lo que callas, el cuerpo lo guarda. Ahí empezó otro camino — el reiki, el chamanismo, la core energética, lo espiritual. Seguía diseñando, entendiéndome de otra manera.
Los años siguientes fueron de mucho. Dos pérdidas de hijos que no llegaron a formarse, que dolieron en el alma y muchas veces en silencio. Un quiebre profesional. Puertas que se cerraron. En ese tránsito volví a las constelaciones para mirar qué estaba pasando en mi vida. Y en medio de todo eso me quedé embarazada de Freya. Saliendo de una terapia, empecé a dibujar a Moji. De ese dibujo nació mi primer cuento. Lo estancado se convirtió en movimiento.
Hace un par de años, en mi 43 cumpleaños, apareció una inflamación en la cadera — toma, Rebeca, regalo de cumpleaños. Volvía a sentirme estancada, el nuevo cuento llevaba dos años dando vueltas sin avanzar. Así que volví a constelar para ver qué me estaba frenando. Esa sesión me reveló algo que mi mente no recordaba pero mi cuerpo sí llevaba toda la vida: tengo una gemela ausente. El despertar fue físico — mi cuerpo no paraba de temblar. Integrar esa presencia, hacer ese duelo, me ha ido explicando muchas cosas. Lo comparto porque sé que no soy la única.
Hoy diseño para editoriales que respetan mi trabajo y mi forma de ver la vida, estoy terminando el segundo cuento a punto de publicarse y estoy abriendo el camino para acompañar a otras personas en sus procesos creativos o vitales. Sigo aprendiendo — acabé apuntándome a la formación de constelaciones familiares en ECOS de Barcelona. Creo que a estas alturas de la película, tenía un llamado.
Todo este camino me trajo aquí. Y si algo he aprendido es que las experiencias que más duelen son las que más nos enseñan — sobre nosotras mismas, sobre lo que queremos crear, sobre cómo acompañar a otros.
Si algo de lo que has leído te resuena, es probable que tengamos algo que construir juntas.
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